
Emprender es difícil, pero hacerlo cuando el entorno parece diseñado para que falles, es otra liga. Aquí no sirven las recetas mágicas ni los consejos de quienes lo tienen todo fácil. Cuando vives con el "sacudón" constante del factor dinero y la incertidumbre golpeando la puerta, la resiliencia deja de ser una palabra bonita y se convierte en tu única herramienta de trabajo.
He aprendido que lo que consumes —la información, las noticias, la gente de la que te rodeas— o te da el impulso para saltar el muro o te lo construye más alto. Si tu meta es avanzar, tienes que aprender a filtrar el ruido.
Mis defensas contra los obstáculos diarios:
El entorno es clave: Si te rodeas de gente que solo ve el problema, terminarás viendo lo mismo. He decidido rodearme de quienes, a pesar del caos, están buscando la grieta por donde pasar. Tu círculo puede ser tu salvavidas o tu ancla.
Dieta de información: No todo lo que brilla es oro y no toda la tragedia es tuya. Filtro lo que leo y lo que escucho para que mi cabeza esté en modo "ejecución" y no en modo "pánico".
La mentalidad como estrategia: Sí, ser positiva ayuda, pero no por ingenuidad, sino por estrategia. Si pierdo la fe en mi meta, ya perdí el negocio. La resiliencia es el motor que me permite levantarme después de que el contexto me da un golpe que no vi venir.
El dinero puede faltar o el sistema puede fallar, pero si mantienes el enfoque y la meta clara, siempre aparece un camino. No es optimismo ciego, es la determinación de quien sabe que no tiene otra opción más que ganar.
Mariela DigitalMente.
